"El rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al Maestro de Cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de ellos estaba perfectamente educado, pero que al otro no sabía lo que le sucedía: no se había movido de la rama desde el día de su llegada a Palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.
El rey mandó llamar a los curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la Corte, pero nada sucedió. Por la ventana de sus habitaciones, el Monarca podía ver que el ave continuaba inmóvil.
Publicó por fin un edicto entre sus súbditos y, a la mañana siguiente vio al halcón volando en los jardines.
- Traedme al autor de ese milagro - dijo.
En seguida le presentaron a un campesino.
- Tú hiciste volar al halcón?, cómo lo hiciste?, eres mago acaso?.
Entre feliz e intimidado, el hombrecito sólo le explicó:
- No fue difícil Su Alteza, sólo le corté la rama. El pájaro se dio cuenta que tenía alas y se echó a volar."
Un campesino encontró en el campo un huevo de un tamaño tan grande, que nunca había visto antes algo parecido, así que decidió llevárselo a su casa.
-¿Será de avestruz? Preguntó a su familia.
-No, no es demasiado grande, Dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos?, Propuso el hijo.
-Romperlo sería una lástima, porque entonces nunca sabremos a que ave pertenece, dijo el padre.
-Así que finalmente decidieron colocarlo debajo de una pava que en ese momento estaba empollando.
Cuenta la historia que a los quince días nació entre los pavitos, el enigmático pichón, al principio nadie pudo reconocer a que variedad de ave pertenecía, lo único que era evidente es que era el más grande entre todos sus compañeros, su plumaje era mucho más oscuro y devoraba la comida que le ponían con mucha avidez.
Una vez crecido, cuando llegó el tiempo de levantar el vuelo, miro a su madre y le dijo entusiasmado:
-Bueno, ha llegado la hora de volar, ¿me acompañas?
La pava sorprendida por la proposición, le explicó: -Mira, los pavos no vuelan. Tienes que tener cuidado y no comer tan apresurado, porque te sienta mal y después dices tonterías.
El misterioso pichón, se quedó en silencio un poco confundido.
Pero el pichón cada vez que terminaba de comer, les decía a sus hermanos:
-¡Vamos, vamos a volar! Hasta que uno de los pavitos le explico:
-Los pavos no volamos, solo podemos caminar, ese es nuestro destino, así lo decidió Dios cuando nos creo.
Haciendo caso a sus hermanos, nuestro misterioso amigo se dedicó todo el tiempo hacer todo lo que los demás hacían, caminar por un corral cercado, comer y dormir.
Pero un día el veterinario del pueblo pasó por la granja y el granjero, aprovechó la situación para pedirle que identificara a la misteriosa ave. En cuanto la vio pudo reconocer de inmediato que se trataba de un cóndor.
El cóndor ha nacido para volar por encima de los mil metros de altura, pero este en particular no lo hizo porque escuchó más la opinión de su entorno, que lo que él mismo sentía en su interior.
“Tu también tienes grandes aptitudes, valores y una gran creatividad; no te quedes alrededor de los pavos, ellos solo saben caminar, comer y dormir. Anímate a volar, tienes alas para ser un gran instrumento para cumplir en este mundo todos los objetivos que te ”plantees”