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lunes, 20 de junio de 2011

DESPUÉS DEL ALMUERZO. (Julio Cortazar).



Después del almuerzo yo hubiera querido quedarme en mi cuarto leyendo, pero papá y mamá vinieron casi en seguida a decirme que esa tarde tenía que llevarlo de paseo.

Lo primero que contesté fue que no, que lo llevara otro, que por favor me dejaran estudiar en mi cuarto. Iba a decirles otras cosas, explicarles por qué no me gustaba tener que salir con él, pero papá dio un paso adelante y se puso a mirarme en esa forma que no puedo resistir, me clava los ojos y yo siento que se me van entrando cada vez más hondo en la cara, hasta que estoy a punto de gritar y tengo que darme vuelta y contestar que sí, que claro, en seguida. Mamá en esos casos no dice nada y no me mira, pero se queda un poco atrás con las dos manos juntas, y yo le veo el pelo gris que le cae sobre la frente y tengo que darme vuelta y contestar que sí, que claro, en seguida. Entonces se fueron sin decir nada más y yo empecé a vestirme, con el único consuelo de que iba a estrenar unos zapatos amarillos que brillaban y brillaban.

Cuando salí de mi cuarto eran las dos, y tía Encarnación dijo que podía ir a buscarlo a la pieza del fondo, donde siempre le gusta meterse por la tarde. Tía Encarnación debía darse cuenta de que yo estaba desesperado por tener que salir con él, porque me pasó la mano por la cabeza y después se agachó y me dio un beso en la frente. Sentí que me ponía algo en el bolsillo.

-Para que te compres alguna cosa -me dijo al oído-. Y no te olvides de darle un poco, es preferible.

Yo la besé en la mejilla, más contento, y pasé delante de la puerta de la sala donde estaban papá y mamá jugando a las damas. Creo que les dije hasta luego, alguna cosa así, y después saqué el billete de cinco pesos para alisarlo bien y guardarlo en mi cartera donde ya había otro billete de un peso y monedas.

Lo encontré en un rincón del cuarto, lo agarré lo mejor que pude y salimos por el patio hasta la puerta que daba al jardín de adelante. Una o dos veces sentí la tentación de soltarlo, volver adentro y decirles a papá y mamá que él no quería venir conmigo, pero estaba seguro de que acabarían por traerlo y obligarme a ir con él hasta la puerta de calle. Nunca me habían pedido que lo llevara al centro, era injusto que me lo pidieran porque sabían muy bien que la única vez que me habían obligado a pasearlo por la vereda había ocurrido esa cosa horrible con el gato de los Álvarez. Me parecía estar viendo todavía la cara del vigilante hablando con papá en la puerta, y después papá sirviendo dos vasos de caña, y mamá llorando en su cuarto. Era injusto que me lo pidieran.

Por la mañana había llovido y las veredas de Buenos Aires están cada vez más rotas, apenas se puede andar sin meter los pies en algún charco. Yo hacía lo posible para cruzar por las partes más secas y no mojarme los zapatos nuevos, pero en seguida vi que a él le gustaba meterse en el agua, y tuve que tironear con todas mis fuerzas para obligarlo a ir de mi lado. A pesar de eso consiguió acercarse a un sitio donde había una baldosa un poco más hundida que las otras, y cuando me di cuenta ya estaba completamente empapado y tenía hojas secas por todas partes. Tuve que pararme, limpiarlo, y todo el tiempo sentía que los vecinos estaban mirando desde los jardines, sin decir nada pero mirando. No quiero mentir, en realidad no me importaba tanto que nos miraran (que lo miraran a él, y a mí que lo llevaba de paseo); lo peor era estar ahí parado, con un pañuelo que se iba mojando y llenando de manchas de barro y pedazos de hojas secas, teniendo que sujetarlo al mismo tiempo para que no volviera a acercarse al charco. Además yo estoy acostumbrado a andar por las calles con las manos en los bolsillos del pantalón, silbando o mascando chicle, o leyendo las historietas mientras con la parte de abajo de los ojos voy adivinando las baldosas de las veredas que conozco perfectamente desde mi casa hasta el tranvía, de modo que sé cuándo paso delante de la casa de la Tita o cuándo voy a llegar a la esquina de Carabobo. Y ahora no podía hacer nada de eso y el pañuelo me empezaba a mojar el forro del bolsillo y sentía la humedad en la pierna, era como para no creer en tanta mala suerte junta.

A esa hora el tranvía viene bastante vacío, y yo rogaba que pudiéramos sentarnos en el mismo asiento, poniéndolo a él del lado de la ventanilla para que molestara menos. No es que se mueva demasiado, pero a la gente le molesta lo mismo y yo comprendo. Por eso me afligí al subir, porque el tranvía estaba casi lleno y no había ningún asiento doble desocupado. El viaje era demasiado largo para quedarnos en la plataforma, el guarda me hubiera mandado que me sentara y lo pusiera en alguna parte; así que lo hice entrar en seguida y lo llevé hasta un asiento del medio donde una señora ocupaba el lado de la ventanilla. Lo mejor hubiera sido sentarse detrás de él para vigilarlo, pero el tranvía estaba lleno y tuve que seguir adelante y sentarme bastante más lejos. Los pasajeros no se fijaban mucho, a esa hora la gente va haciendo la digestión y está medio dormida con los barquinazos del tranvía. Lo malo fue que el guarda se paró al lado del asiento donde yo lo había instalado, golpeando con una moneda en el fierro de la máquina de los boletos, y yo tuve que darme vuelta y hacerle señas de que viniera a cobrarme a mí, mostrándole la plata para que comprendiera que tenía que darme dos boletos, pero el guarda era uno de esos chinazos que están viendo las cosas y no quieren entender, dale con la moneda golpeando contra la máquina. Me tuve que levantar (y ahora dos o tres pasajeros me miraban) y acercarme al otro asiento. «Dos boletos», le dije. Cortó uno, me miró un momento, y después me alcanzó el boleto y miró para abajo, medio de reojo. «Dos, por favor», repetí, seguro de que todo el tranvía ya estaba enterado. El chinazo cortó el otro boleto y me lo dio, iba a decirme algo pero yo le alcancé la plata y me volví en dos trancos a mi asiento, sin mirar para atrás. Lo peor era que a cada momento tenía que darme vuelta para ver si seguía quieto en el asiento de atrás, y con eso iba llamando la atención de algunos pasajeros. Primero decidí que sólo me daría vuelta al pasar cada esquina, pero las cuadras me parecían terriblemente largas y a cada momento tenía miedo de oír alguna exclamación o un grito, como cuando el gato de los Álvarez. Entonces me puse a contar hasta diez, igual que en las peleas, y eso venía a ser más o menos media cuadra. Al llegar a diez me daba vuelta disimuladamente, por ejemplo arreglándome el cuello de la camisa o metiendo la mano en el bolsillo del saco, cualquier cosa que diera la impresión de un tic nervioso o algo así.

Como a las ocho cuadras no sé por qué me pareció que la señora que iba del lado de la ventanilla se iba a bajar. Eso era lo peor, porque le iba a decir algo para que la dejara pasar, y cuando él no se diera cuenta o no quisiera darse cuenta, a lo mejor la señora se enojaba y quería pasar a la fuerza, pero yo sabía lo que iba a ocurrir en ese caso y estaba con los nervios de punta, de manera que empecé a mirar para atrás antes de llegar a cada esquina, y en una de esas me pareció que la señora estaba ya a punto de levantarse, y hubiera jurado que le decía algo porque miraba de su lado y yo creo que movía la boca. Justo en ese momento una vieja gorda se levantó de uno de los asientos cerca del mío y empezó a andar por el pasillo, y yo iba detrás queriendo empujarla, darle una patada en las piernas para que se apurara y me dejara llegar al asiento donde la señora había agarrado una canasta o algo en el suelo y ya se levantaba para salir. Al final creo que la empujé, la oí que protestaba, no sé cómo llegué al lado del asiento y conseguí sacarlo a tiempo para que la señora pudiera bajarse en la esquina. Entonces lo puse contra la ventanilla y me senté a su lado, tan feliz aunque cuatro o cinco idiotas me estuvieran mirando desde los asientos de adelante y desde la plataforma donde a lo mejor el chinazo les había dicho alguna cosa.

Ya andábamos por el Once, y afuera se veía un sol precioso y las calles estaban secas. A esa hora si yo hubiera viajado solo me habría largado del tranvía para seguir a pie hasta el centro, para mí no es nada ir a pie desde el Once a Plaza de Mayo, una vez que me tomé el tiempo le puse justo treinta y dos minutos, claro que corriendo de a ratos y sobre todo al final. Pero ahora en cambio tenía que ocuparme de la ventanilla, que un día alguien había contado que era capaz de abrir de golpe la ventanilla y tirarse afuera, nada más que por el gusto de hacerlo, como tantos otros gustos que nadie se explicaba. Una o dos veces me pareció que estaba a punto de levantar la ventanilla, y tuve que pasar el brazo por detrás y sujetarla por el marco. A lo mejor eran cosas mías, tampoco quiero asegurar que estuviera por levantar la ventanilla y tirarse. Por ejemplo, cuando lo del inspector me olvidé completamente del asunto y sin embargo no se tiró. El inspector era un tipo alto y flaco que apareció por la plataforma delantera y se puso a marcar los boletos con ese aire amable que tienen algunos inspectores. Cuando llegó a mi asiento le alcancé los dos boletos y él marcó uno, miró para abajo, después miró el otro boleto, lo fue a marcar y se quedó con el boleto metido en la ranura de la pinza, y todo el tiempo yo rogaba que lo marcara de una vez y me lo devolviera, me parecía que la gente del tranvía nos estaba mirando cada vez más. Al final lo marcó encogiéndose de hombros, me devolvió los dos boletos, y en la plataforma de atrás oí que alguien soltaba una carcajada, pero naturalmente no quise darme vuelta, volví a pasar el brazo y sujeté la ventanilla, haciendo como que no veía más al inspector y a todos los otros. En Sarmiento y Libertad se empezó a bajar la gente, y cuando llegamos a Florida ya no había casi nadie. Esperé hasta San Martín y lo hice salir por la plataforma delantera, porque no quería pasar al lado del chinazo que a lo mejor me decía alguna cosa.

A mí me gusta mucho la Plaza de Mayo, cuando me hablan del centro pienso en seguida en la Plaza de Mayo. Me gusta por las palomas, por la Casa de Gobierno y porque trae tantos recuerdos de historia, de las bombas que cayeron cuando hubo revolución, y los caudillos que habían dicho que iban a atar sus caballos en la Pirámide. Hay maniseros y tipos que venden cosas, en seguida se encuentra un banco vacío y si uno quiere puede seguir un poco más y al rato llega al puerto y ve los barcos y los guinches. Por eso pensé que lo mejor era llevarlo a la Plaza de Mayo, lejos de los autos y los colectivos, y sentarnos un rato ahí hasta que fuera hora de ir volviendo a casa. Pero cuando bajamos del tranvía y empezamos a andar por San Martín sentí como un mareo, de golpe me daba cuenta de que me había cansado terriblemente, casi una hora de viaje y todo el tiempo teniendo que mirar hacia atrás, hacerme el que no veía que nos estaban mirando, y después el guarda con los boletos, y la señora que se iba a bajar, y el inspector. Me hubiera gustado tanto poder entrar en una lechería y pedir un helado o un vaso de leche, pero estaba seguro de que no iba a poder, que me iba a arrepentir si lo hacía entrar en un local cualquiera donde la gente estaría sentada y tendría más tiempo para mirarnos.

En la calle la gente se cruza y cada uno sigue viaje, sobre todo en San Martín que está lleno de bancos y oficinas y todo el mundo anda apurado con portafolios debajo del brazo. Así que seguimos hasta la esquina de Cangallo, y entonces cuando íbamos pasando delante de las vidrieras de Peuser que estaban llenas de tinteros y cosas preciosas, sentí que él no quería seguir, se hacía cada vez más pesado y por más que yo tiraba (tratando de no llamar la atención) casi no podía caminar y al final tuve que pararme delante de la última vidriera, haciéndome el que miraba los juegos de escritorio repujados en cuero. A lo mejor estaba un poco cansado, a lo mejor no era un capricho. Total, estar ahí parados no tenía nada de malo, pero igual no me gustaba porque la gente que pasaba tenía más tiempo para fijarse, y dos o tres veces me di cuenta de que alguien le hacía algún comentario a otro, o se pegaban con el codo para llamarse la atención. Al final no pude más y lo agarré otra vez, haciéndome el que caminaba con naturalidad, pero cada paso me costaba como en esos sueños en que uno tiene unos zapatos que pesan toneladas y apenas puede despegarse del suelo. A la larga conseguí que se le pasara el capricho de quedarse ahí parado, y seguimos por San Martín hasta la esquina de la Plaza de Mayo. Ahora la cosa era cruzar, porque a él no le gusta cruzar una calle. Es capaz de abrir la ventanilla del tranvía y tirarse, pero no le gusta cruzar la calle. Lo malo es que para llegar a la Plaza de Mayo hay que cruzar siempre alguna calle con mucho tráfico, en Cangallo y Bartolomé Mitre no había sido tan difícil, pero ahora yo estaba a punto de renunciar, me pesaba terriblemente en la mano, y dos veces que el tráfico se paró y los que estaban a nuestro lado en el cordón de la vereda empezaron a cruzar la calle, me di cuenta de que no íbamos a poder llegar al otro lado porque se plantaría justo en la mitad, y entonces preferí seguir esperando hasta que se decidiera. Y claro, el del puesto de revistas de la esquina ya estaba mirando cada vez más, y le decía algo a un pibe de mi edad que hacía muecas y le contestaba qué sé yo, y los autos seguían pasando y se paraban y volvían a pasar, y nosotros ahí plantados. En una de esas se iba a acercar el vigilante, eso era lo peor que nos podía suceder porque los vigilantes son muy buenos y por eso meten la pata, se ponen a hacer preguntas, averiguan si uno anda perdido, y de golpe a él le puede dar uno de sus caprichos y yo no sé en lo que termina la cosa. Cuanto más pensaba más me afligía, y al final tuve miedo de veras, casi como ganas de vomitar, lo juro, y en un momento en que paró el tráfico lo agarré bien y cerré los ojos y tiré para adelante doblándome casi en dos, y cuando estuvimos en la Plaza lo solté, seguí dando unos pasos solo, y después volví para atrás y hubiera querido que se muriera, que ya estuviera muerto, o que papá y mamá estuvieran muertos, y yo también al fin y al cabo, que todos estuvieran muertos y enterrados menos tía Encarnación.

Pero esas cosas se pasan en seguida, vimos que había un banco muy lindo completamente vacío, y yo lo sujeté sin tironearlo y fuimos a ponernos en ese banco y a mirar las palomas que por suerte no se dejan acabar como los gatos. Compré manises y caramelos, le fui dando de las dos cosas y estábamos bastante bien con ese sol que hay por la tarde en la Plaza de Mayo y la gente que va de un lado a otro. Yo no sé en qué momento me vino la idea de abandonarlo ahí; lo único que me acuerdo es que estaba pelándole un maní y pensando al mismo tiempo que si me hacía el que iba a tirarles algo a las palomas que andaban más lejos, sería facilísimo dar la vuelta a la pirámide y perderlo de vista. Me parece que en ese momento no pensaba en volver a casa ni en la cara de papá y mamá, porque si lo hubiera pensado no habría hecho esa pavada. Debe ser muy difícil abarcar todo al mismo tiempo como hacen los sabios y los historiadores, yo pensé solamente que lo podía abandonar ahí y andar solo por el centro con las manos en los bolsillos, y comprarme una revista o entrar a tomar un helado en alguna parte antes de volver a casa. Le seguí dando manises un rato pero ya estaba decidido, y en una de esas me hice el que me levantaba para estirar las piernas y vi que no le importaba si seguía a su lado o me iba a darles manises a las palomas. Les empecé a tirar lo que me quedaba, y las palomas me andaban por todos lados, hasta que se me acabó el maní y se cansaron. Desde la otra punta de la plaza apenas se veía el banco; fue cosa de un momento cruzar a la Casa Rosada donde siempre hay dos granaderos de guardia, y por el costado me largué hasta el Paseo Colón, esa calle donde mamá dice que no deben ir los niños solos. Ya por costumbre me daba vuelta a cada momento pero era imposible que me siguiera, lo más que quería estar haciendo sería revolcarse alrededor del banco hasta que se acercara alguna señora de la beneficencia o algún vigilante.

No me acuerdo muy bien de lo que pasó en ese rato en que yo andaba por el Paseo Colón que es una avenida como cualquier otra. En una de esas yo estaba sentado en una vidriera baja de una casa de importaciones y exportaciones, y entonces me empezó a doler el estómago, no como cuando uno tiene que ir en seguida al baño, era más arriba, en el estómago verdadero, como si se me retorciera poco a poco; y yo quería respirar y me costaba, entonces tenía que quedarme quieto y esperar que se pasara el calambre, y delante de mí se veía como una mancha verde y puntitos que bailaban, y la cara de papá, al final era solamente la cara de papá porque yo había cerrado los ojos, me parece, y en medio de la mancha verde estaba la cara de papá. Al rato pude respirar mejor, y unos muchachos me miraron un momento y uno le dijo al otro que yo estaba descompuesto, pero yo moví la cabeza y dije que no era nada, que siempre me daban calambres, pero se me pasaban en seguida. Uno dijo que si yo quería que fuera a buscar un vaso de agua, y el otro me aconsejó que me secara la frente porque estaba sudando. Yo me sonreí y dije que ya estaba bien, y me puse a caminar para que se fueran y me dejaran solo. Era cierto que estaba sudando porque me caía el agua por las cejas y una gota salada me entró en un ojo, y entonces saqué el pañuelo y me lo pasé por la cara y sentí un arañazo en el labio, y cuando miré era una hoja seca pegada en el pañuelo que me había arañado la boca.

No sé cuánto tardé en llegar otra vez a la Plaza de Mayo. A la mitad de la subida me caí, pero volví a levantarme antes que nadie se diera cuenta, y crucé a la carrera entre todos los autos que pasaban por delante de la Casa Rosada. Desde lejos vi que no se había movido del banco, pero seguí corriendo y corriendo hasta llegar al banco, y me tiré como muerto mientras las palomas salían volando asustadas y la gente se daba vuelta con ese aire que toman para mirar a los chicos que corren, como si fuera un pecado. Después de un rato lo limpié un poco y dije que teníamos que volver a casa. Lo dije para oírme yo mismo y sentirme todavía más contento, porque con él lo único que servía era agarrarlo bien y llevarlo, las palabras no las escuchaba o se hacía el que no las escuchaba. Por suerte esta vez no se encaprichó al cruzar las calles, y el tranvía estaba casi vacío al comienzo del recorrido, así que lo puse en el primer asiento y me senté al lado y no me di vuelta ni una sola vez en todo el viaje, ni siquiera al bajarnos: la última cuadra la hicimos muy despacio, él queriendo meterse en los charcos y yo luchando para que pasara por las baldosas secas. Pero no me importaba, no me importaba nada. Pensaba todo el tiempo: «Lo abandoné», lo miraba y pensaba: «Lo abandoné», y aunque no me había olvidado del Paseo Colón me sentía tan bien, casi orgulloso. A lo mejor otra vez... No era fácil, pero a lo mejor... Quién sabe con qué ojos me mirarían papá y mamá cuando me vieran llegar con él de la mano. Claro que estarían contentos de que yo lo hubiera llevado a pasear al centro, los padres siempre están contentos de esas cosas; pero no sé por qué en ese momento se me daba por pensar que también a veces papá y mamá sacaban el pañuelo para secarse, y que también en el pañuelo había una hoja seca que les lastimaba la cara.

FIN.

miércoles, 6 de abril de 2011

HISTORIAS QUE HABLAN DEL MUNDO DE LA DISCAPACIDAD.(I)



LA VELOCIDAD DE LA OSCURIDAD: Elizabeth Moon

Reflexiva, aguda e inolvidable, La velocidad de la oscuridad es una arrebatadora exploración del pecuilar mundo de Lou Arrendale, una persona autista adulta a quien se le ofrece la posibilidad de probar una nueva "cura" experimental. Lou deberá decidir si se somete o no a este tratamiento que podría cambiar por completo su forma de entender el mundo... Y la misma esencia de su personalidad.



FLORES PARA ALGERNON: Daniel Keyes

Charlie Gordon. Un chico con discapacidad intelectual. Una buena persona que siente respeto por los mediocres que le rodean, que aguanta burlas de los empleados de la panadería donde trabaja. Sólo es apoyado y comprendido por Miss Alice Kinnian, profesora de la clase de “Adultos Retrasados”.

Charlie es escogido para una operación quirúrgica experimental, a la que también es sometido el ratón Algermon. A partir de entonces su inteligencia se ira ampliando, su visión del mundo se ira convirtiendo en algo mas real y mas decepcionante...., hasta llegar a la cúspide, donde se encuentra solo y adquiere la certeza de su terrible futuro.



QUIETO: Marius Serra,

Marius Serra nos presenta una novela sobre su hijo Llullu, afectado desde el nacimiento de una encefalopatía, nos narra secuencias, anécdotas y pequeños momentos de los siete años que han compartido con su hijo. En la narración no pretende en ningún momento dar una visión cercana al sentimentalismo, por el hecho de ser el padre de Llullu, intenta llegar a trasmitir su experiencia de padre, describiendo el entorno, la sociedad y los problemas que esta tiene frente a los discapacitados.



¿A DONDE VAMOS, PAPA?, Jean-Louis Fournier,

Escrita desde la sonrisa, el estupor, la tristeza, la ternura, la esperanza y el dolor por los que pasa un padre a medida que descubre, acepta y asume las limitaciones, tanto físicas como mentales, de sus dos hijos. Un libro extremadamente emotivo y conmovedor, que huye de la autocompasión y procura decir las cosas por su nombre, revelando una lúcida compresión de lo que supone cualquier tipo de paternidad.

"¿Adónde vamos, papá?" es un libro distinto sobre una realidad muy dura, la de los niños con discapacidad, escrito con ternura y sentido del humor, conmovedor, inteligente, ácido a veces también, políticamente incorrecto.

martes, 5 de abril de 2011

CINE Y DISCAPACIDAD



-Yo soy Sam.

Dirección: Jessie Nelson.

País: USA. Año: 2001. Duración: 132 min.

Sinopsis:

Una conmovedora película en la Sean Penn da vida a Sam, una persona con discapacidad intelectual que deberá luchar en los tribunales para conservar la custodia de su pequeña hija, ya que el Estado considera que no está capacitado para hacerse cargo de su educación. Una prestigiosa abogada interpretada por Michelle Pfeiffer será la encargada de su defensa, cuyo desinterés y frialdad inicial cambiarán tras descubrir el amor que siente Sam por su hija.


-León y Olvido.

Dirección: Xavier Bermúdez.

País: España. Año: 2004.n Duración: 112 min.

Sinopsis.

León y Olvido son dos hermanos mellizos –él con Síndrome Down– huérfanos desde hace cinco años y que como única herencia han tenido el alquiler de la vieja casa en la que viven y un coche. La relación entre ellos es contradictoria, por un lado les une un gran cariño, por otro disputan sin tregua. Olvido quiere que León tome sus propias decisiones, colabore en casa y aprenda a valerse por sí mismo, pero León sólo desea sentirse protegido y atendido por su hermana. Olvido ha tenido que dejar sus estudios y ponerse a trabajar; León apenas acepta algunas pequeñas cuotas de responsabilidad en los asuntos de la casa. Y las relaciones de ambos con el mundo exterior no siempre son gratificantes. La desesperación de Olvido va en aumento y la tenacidad de León será continuamente puesta a prueba, por lo que ambos vivirán situaciones muy extremas. Situaciones que desafían el amor que se profesan y el marco moral en el que se mueven.


-Bailando en la oscuridad.

Dirección y guión: Lars von Trier.

Países: Dinamarca/Suecia. Año: 2000. Duración: 139 min.

Sinopsis.

Lars von Trier que explora al máximo la situación emocional de Selma, una emigrante checa que trabaja desapasionadamente en América y tiene a su hijo enfermo. Su alegría está en los musicales de cine, pero Selma está perdiendo la vista.


-El octavo Día.

Director: Jaco Van Dormael

País: Alemania Año:1996 Duración: 113 min

Sinopsis

La historia retrata el encuentro entre dos mundos: el de Georges, un hombre con Síndrome de Down, y el de Harry, un ejecutivo. Harry, cuyo único alimento cotidiano es la artificialidad del pensamiento positivo, tiene mucho que aprender de Georges. El octavo día, ese que no figura en ningún calendario, que nunca termina, se manifiesta en el choque entre el orden y la anarquía, la razón y la locura.


-Yo también.

Dirección y guión: Álvaro Pastor y Antonio Naharro.

País: España. Año: 2009. Duración: 103 min.

Sinopsis

Daniel, un joven sevillano de 34 años, es el primer europeo con Síndrome de Down que ha obtenido un título universitario. Comienza su vida laboral en la administración pública, donde conoce a Laura, una compañera de trabajo. Ambos inician una relación de amistad que pronto llama la atención de su entorno laboral y familiar. Esta relación se convierte en un problema para Laura cuando Daniel se enamora de ella. Sin embargo, esta mujer solitaria que rechaza las normas encontrará en él la amistad y el amor que nunca recibió a lo largo de su vida.


-La ducha.

Director: Zhang Yang

Pais: China Año: 1999 Duración: 92 min

Sinopsis.

Abandonado por su hijo mayor Daming, que se ha ido de Pekín en busca de fortuna, el señor Liu continúa aferrado a su trabajo como propietario de unos baños públicos, su vocación de toda la vida. Además ha de cuidar de su otro hijo con discapacidad intelectual, Erming. Daming creyendo que su padre ha muerto, regresa a Pekín para descubrir la magia de los baños públicos.


-Mi pie izquierdo.

Director: Jim Sheridan

País: Irlanda Año: 1989 Duración: 119 min

Sinopsis

Narra la inspiradora vida de Christy Brown, un escritor irlandés aquejado de parálisis cerebral, cuya tenacidad echó por tierra todas las barreras que impedían su integración en la sociedad. Un conmovedor ejemplo de superación y lucha por conseguir las metas.


-Despertares. (Basada en la novela de Óliver Sacks)

Director: Penny Marsal.

País: EEUU Año: 1990 Duración: 121 min

Sinopsis

El Dr. Malcolm Sayer, un neurólogo neoyorkino decide, a mediados de los años sesenta, someter a un complejo experimento a sus pacientes de encefalitis. Se trata de una enfermedad que priva de las facultades motoras a las personas que la padecen hasta reducirlas a estado vegetativo. La nueva terapia poco a poco comenzará a tener resultados, especialmente en un paciente, Leonard Lowe.


-¿A quién ama Gilbert Grape? Basada en la novela de Peter Edges

Director: Lasse Halström.

País: EEUU Año: 1993 Duración: 118 min

Sinopsis

En un pequeño pueblo del medio oeste americano, Depp es un joven empleado de una tienda de ultramarinos que cuida de su peculiar familia, abrumado por la atención que requiere hacerse cargo de una madre con obesidad mórbida y de un hermano con discapacidad intelectual. Además está teniendo una aventura con una clienta casada, pero su vida emocional y personal cambiará por completo gracias a una chica divertida y de espíritu libre.


-El aceite de la vida

Director: Geroge Miller.

País: EEUU Año: 1992 Duración: 135 min

Sinopsis

Lorenzo Odone, hijo único de unos inmigrantes italianos que viven en los Estados Unidos, comienza a los 3 años a desarrollar una grave enfermedad neurológica para la cual no existe un tratamiento conocido. En muy poco tiempo el niño, que había aprendido a andar y hablar correctamente, queda postrado en una camilla, inmóvil e hierático, sin que ningún médico pueda hacer nada por sacarle de esa situación. Sus padres no se conforman con ello y deciden seguir luchando hasta agotar todos los recursos; así, estudian todo lo que pueden sobre Neurología infantil (a pesar de que ninguno de los dos estaba previamente especializado en el área sanitaria) y buscan ayuda en todos los frentes médicos posibles...


-El milagro de Ana Sullivan

Director: Arthur Penn.

País: EEUU Año: 1962 Duración: 107 min

Sinopsis

Una profesora con una infancia traumática trata de educar a una niña sorda, ciega y muda. Un oscuro complejo de culpabilidad, por la muerte de su hermano, impulsa a la pedagoga a redimirse mediante la educación de la niña. Cuando llega a la casa donde vive la joven se encuentra con una familia que ha mantenido a la niña a su antojo, ante la incapacidad de los padres para poder educarla. Hellen es considerada como una desgracia de la naturaleza que no tiene remisión y con la cual es imposible entablar cualquier comunicación. Tan sólo la madre es quien mantiene una leve esperanza. La adolescente, por su parte, vive en un mundo propio completamente ajeno. No sabe cómo romper esta burbuja hasta que llega Ana Sullivan, quien con mucha paciencia y rigor se encargará de su educación. Pero para que Hellen pueda llegar a comunicarse haría falta un milagro.


-Gabi una historia verdadera.

Director: Luis Mandoki

País: EE.UU. Año: 1987. Duración 105 min.

Sinopsis.

Adaptación de la biografía de Gabriela Brimmer, poetisa y escritora que nació con una parálisis cerebral que le impedía cualquier movimiento o expresión, salvo su pie izquierdo. Gracias a la ayuda de una empleada mejicana analfabeta, que aprendió a leer y escribir junto a la niña, Gabriela accedió a toda su educación, incluida la universitaria. La película, rodada en gran medida junto a personas con discapacidad -los actores principales no lo son- de Cuernavaca (México), es un canto reivindicativo a la normalización educativa, sexual y social de las personas con discapacidad.


-Nacional 7

Director : Jean-Pierre Sinapi
País : Francia Año: 2000 Duración: 90 min

Sinopsis.

A Julie, una enfermera inexperta, se le confía el cuidado de René, un hombre que sufre una complicada enfermedad degenerativa que le provoca un comportamiento irascible e insoportable. René confiesa a la joven que desearía hacer el amor con una mujer antes de que su enfermedad avance y le imposibilite tener relaciones sexuales. Propone a la enfermera que le busque una chica dispuesta a hacerlo. Julie accede y se pone a buscar la mujer idónea entre las prostitutas de la zona. Una vez consumado el acto, René se transforma en una persona encantadora ante la sorpresa de todos. A partir de ese momento, el resto de los enfermos intentan buscar una explicación lógica a tal metamorfosis psíquica.


-Las llaves de casa

Director: Gianni Amelio

País: Italia Año: 2004 Duración: 105 min

Sinopsis

Es de noche en la estación de tren de Munich, Alemania. Gianni conoce a Paolo, su hijo de quince años a quién nunca había visto y que, dormido, se encamina a Berlín. Gianni se casó de nuevo y tiene un hijo, y no sabe cómo reaccionar. Paolo le explica que puede ayudarle. El chico está impedido y va a una clínica especializada de rehabilitación.


-Hijos de un Dios menor.

Director: Randa Haines

País: EEUU Año: 1996 Duración 118 min

Sinopsis:

En un colegio para personas sordomudas, los problemas habituales en cualquier centro de enseñanza se ven agravados por la necesidad de mantener un difícil equilibrio en el trato con jóvenes acostumbrados al aislamiento. Cuando, además un profesor se siente fuertemente atraído por una de sus alumnas, la situación se complica por las reacciones de la muchacha, hostiles en un principio y, casi siempre, imprevisibles


-Me llaman Radio

Director: Mike Tollin

País: EEUU Año:1993 Duración: 109 min

Sinopsis:

Inspirado en los sucesos reales basados en la relación entre un entrenador de fútbol de instituto y Radio a quien su madre describe como «igual a todo el mundo, sólo un poquito más lento que la mayoría», y como su relación cambia totalmente las clasistas actitudes de un pequeño pueblo de Carolina del Sur. Apodado ‘Radio’ por su famosa colección de radios y su amor por la música, empuja su carrito arriba y abajo de las calles. Él no habla con nadie y es raro que alguien se dirija a él, hasta que un día, el entrenador Harold Jones, uno de los hombres más respetados del pueblo, y entrenador del popular equipo de fútbol del instituto, se hace amigo suyo. Poco a poco, el entrenador Jones se gana la confianza de Radio y abre un nuevo mundo ante él. Le invita a ayudar en los entrenamientos y durante los partidos, y a sentarse durante sus clases en la escuela, a pesar de las desavenencias iniciales con la directora Daniels


-El truco del manco

Director: Santiago A. Zannou

País: España. Año: 2008 Duración: 87 min.

Sinopsis:

Cuajo es el sobrenombre de Enrique Heredia, un rapero con una parálisis cerebral que le dificulta la movilidad y con un sueño: construir un estudio de grabación propio donde poder producir su música. Para esto contará con la ayuda de su amigo Adolfo, un mulato de 30 años que malvive con su padre alcohólico. “A mí no me digas que no se puede” es el principio que guía la vida de Cuajo, pero esta misión va a resultar muy complicada. Él y Adolfo deberán superar dificultades de todo tipo para conseguir su objetivo en un entorno hostil y difícil, donde la violencia aparece por todas partes. Una lucha entre el fatalismo y el optimismo en pos de un sueño.


-A ciegas.

Director: Fernando Meirelles

Países: Canadá, Brasil y Japón. Año: 2008 Duración: 118 min.

Sinopsis:

Un hombre se queda ciego repentinamente cuando conduce del trabajo a casa. De repente, todo su mundo se convierte en una neblina lechosa e inquietante. Una tras otra, cada persona que se cruza –su mujer, su médico, incluso el que le lleva a su casa– correrá la misma suerte en un momento dado. A medida que se extiende el contagio, el pánico y la paranoia se apoderan de la ciudad y las víctimas de la ceguera repentina, de La enfermedad blanca, son confinados y sometidos a cuarentena en un psiquiátrico abandonado en donde cualquier parecido con la vida normal empieza a desvanecerse. Dentro del hospital en cuarentena hay un testigo secreto: una mujer que finge estar ciega para poder estar junto a su marido. Es una reflexión sobre la sociedad, la naturaleza del ser humano cuando todo el mundo es igual, con las mismas incapacidades, desamparados en un mundo sin orden, donde impera el salvajismo


-El hombre elefante.

Director: David Lynch.

Países: Reino Unido, EE.UU Año: 1980. Duración: 125 min. B/N

Sinopsis

John Merrick, el «monstruo de la era victoriana», era exhibido en un circo ambulante, hasta que un joven médico extrajo de su deforme máscara una personalidad llena de matices y de sentimientos. La ambientación y el tratamiento de este hecho, absolutamente real y documentado por la ciencia de la época, está realizado con mucho rigor y seriedad.


-Un mudo a su medida

Director: Peter Chelsom

País: EEUU. Año: 1988 Duración: 100 min

Sinopsis.

Esta es la historia de dos chicos no integrados en la sociedad que parten a la búsqueda de grandeza y bondad sólo para descubrir el tesoro más poderoso de todos: la amistad. Todo empieza cuando Kevin Dillon y su madre se trasladan al vecindario donde viven Maxvell Kane y sus abuelos. A pesar de sus trece años, la apariencia de Max es la de un gigante, con problemas en la escuela, falto de valor y que no encaja en ningún modelo social. Pero en su vida entrará Kevin, un pequeño con más labia, brío e inteligencia que cualquier otro chico de la ciudad


-El color del paraíso

Director: Majid Majidi.

País: Irán Año: 1999 Duración: 88 min

Sinopsis.

Mohammad es un niño invidente iraní de ocho años. Tras acabar su curso escolar en Teherán, regresa al pueblo con su padre para reencontrarse con su abuela y sus dos hermanas.


-Azul oscuro casi negro

Director: Daniel Sánchez Arévalo

País: España Año: 2006 Duración: 106 min

Sinopsis

Azuloscurocasinegro es un estado de ánimo, un futuro incierto, un color. Un color que a veces no reconocemos, que dependiendo bajo qué luz, qué prisma y qué actitud se mire, cambia. Un color que nos recuerda que muchas veces nos equivocamos y, a veces, las cosas no son del color que las vemos.

Jorge ha heredado el trabajo de su padre después de que éste sufriera un infarto cerebral. Sin embargo, lucha contra un destino que parece inevitable. En los últimos años se ha esforzado por hacer su trabajo, cuidar de su padre y estudiar una carrera. Ahora su empeño es encontrar otro trabajo. A través de su hermano Antonio, conoce a Paula, con quien entablará una extraña relación que impulsará a Jorge a dejar de sentirse responsable de todo y enfrentarse a sus deseos, obviando lo que los demás esperan de él. Entonces todo podría ser diferente… o no.


Otras

María y yo, Mar adentro, Rain Man, Madres sobre ruedas, Piedras, Forrest Gump

jueves, 17 de marzo de 2011

TU FUTURO ES AHORA


ENCUENTRO DE FAMILIAS DE PERSONAS CON DICAPACIDAD INTELECTUAL.

19 de marzo de 2011. Briviseca
Polideportivo de Briviesca.
Abda. Mencía de Velasco, 29


Para más información podéis poneros en contacto con el Área de Familias de Aspanias.

viernes, 8 de octubre de 2010

UNA PÁGINA INTERESANTE

Desde nuestro Blog queremos presentaros una  página que seguro os va a parecer interesante, se trata de FEVAS TV, en este canal de comunicación encontraréis  reportajes relacionados con esta entidad del País Vasco pero también otros muchos que tienen que ver con las personas con Discapacidad Intelectual.

¡Os animamos a visitarla, seguro que os va a gustar!