miércoles, 11 de abril de 2012

LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS



Se dice que hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.

Cierto día, un perrito buscando refugio del sol logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.

El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera.

Al terminar de subir las escaleras se topó con una puerta semi-abierta; lentamente se metió en el cuarto.

Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perritos más observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.

Los 1000 perritos hicieron lo mismo.

Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos.

¡El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él!

Cuando salió del cuarto, se quedó pensando para sí mismo: "¡Qué lugar tan agradable! ¡Voy a venir más seguido a visitarlo!"

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró entrando al mismo cuarto.

Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir; obviamente vio cómo los 1000 perritos le gruñían a él.

Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también.

Cuando este perrito salió del cuarto pensó: "¡Qué lugar tan horrible es éste! ¡Nunca más volveré a entrar allí!"

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: "La casa de los 1000 espejos".

"TODOS LOS ROSTROS DEL MUNDO SON ESPEJOS"

Decide cuál rostro llevarás por dentro, y ese será el que mostrarás.

El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás.

Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan, solo se sienten con el corazón.

No eres responsable de la cara que tienes, eres responsable de la cara que pones.

viernes, 23 de marzo de 2012

RAFAEL CALDERÓN.



Rafael el pequeño de siete hermanos, con una vida plagada de obstáculos que muchas veces, los que están alrededor, han puesto en su camino, es el primer español con Síndrome de Down en obtener el grado profesional de música.
Recientemente además ha sido premiado por Down Syndrome International, el organismo mundial que reúne a todas las asociaciones dedicadas a este síndrome. El World Down Syndrome Day Award reconoce el esfuerzo y la capacidad de superación de rafael que. Recogerá el galardón en verano en Sudáfrica, un viaje que le emociona.
El joven trompetista compagina sus estudios en el Conservatorio Superior de Málaga con su querida Banda Juvenil Miraflores-Gibraljaire.

Contaba Nacho (su hermano) en la Conferencia-Concierto "Yo soy uno más". Celebrada en 2010 en la Sociedad Ateneo Musical del Puerto de Valencia que: “la educación de Rafael no había sido fácil 1º porque a Rafa le cuesta más y 2º porque algunas de las personas (”profesores”) de la administración que han tenido relación directa con Rafa, NO HAN CREÍDO EN ÉL, y le han hecho muy difícil seguir avanzando a su ritmo”
Se hizo por ello necesario que la familia. entrase en demandas judiciales, recogida de firmas de los vecinos y amigos y hasta llegar al defensor del pueblo andaluz, para defender que Rafa tiene derechos como persona y no se le podía expulsar como se intentó en su día del centro educativo solo por tener un cociente intelectual bajo.
Con el apoyo constante de su familia. Rafael demuestra que el sí que puede avanzar como cualquier otra persona, y además lo hace a su ritmo, también como cualquier otra persona.
Dice una y otra vez que la música es su vida. «Me persigue, y yo a ella», afirma. De pequeño escuchaba tocar junto a su casa a la Banda Juvenil Miraflores-Gibraljaire, veía a los niños con su instrumento a cuestas y quería estar allí.
Paciencia, «constancia y ganas de aprender», remarca José Antonio Aragón, profesor de Trompeta y tutor de Rafael, que buscó estrategias metodológicas para llegar al joven y sacar el máximo partido de su capacidad musical. Esos valores y su simpatía le han valido «el respeto» de todos en el Conservatorio, como apunta la profesora Nuria Aragú. «Sus habilidades sociales son admirables, tiene amigos por todos lados», añade.
Le gusta tocar la trompeta porque su sonido es redondo y compacto. Y porque con ella en la mano es uno más. En la música ha encontrado la vida, una forma de comunicarse, de transmitir sus sentimientos y estado de ánimo, con el lenguaje de las blancas, las negras o las corcheas
Lo conseguido por Rafael tiene un alto valor, pues ha superado, con el esfuerzo y la determinación decidida de su familia y el apoyo de profesorado comprometido con su causa, las enseñanzas obligatorias y el Bachillerato y, además, a la vez ha aprobado los diez cursos que componen los grados elemental y profesional de música pero el camino no se termina aquí ya que esta lleno de nuevos retos y sin duda el premio de Down Syndrome International le dará muchos ánimos para derribar las nuevas barreras que se encuentre en el camino.
Fuentes:


jueves, 16 de febrero de 2012

EL BAMBÚ


No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.


También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, halándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!



Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes:



Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable.


En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.



Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece más de 30 metros.


¿Tardó sólo seis semanas en crecer?



No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas para desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.



Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno, y que éste requiere tiempo...

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.


Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y coherente y saben esperar el momento adecuado.


De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.



En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos, ni abandonemos por no 'ver' el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.


Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros. Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo...

¡Cómo nos cuestan las esperas! ¡Qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos...!


Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi... nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué...
Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés...



¿Para qué?



Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Gobernar aquella toxina llamada impaciencia, la misma que nos envenena el alma. Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...



Quizás sólo estés echando raíces...